Por falta de abecedarios
Necesito hacerte saber que dependo de menos de treinta letras para expresar el agujero negro que crece en el centro de mi cuerpo.
Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.
Dedicado a mis círculos de gente importante.
Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.
Dedicado a mis círculos de gente importante.
jueves, 5 de enero de 2012
KIDS
Se esfumaron las ganas de querer más y mejor. Las sorpresas... Ya sabes, inesperadas. Damos por terminado el capítulo de reír porque sí, de creer en los reyes magos y en un viejo de aspecto dudoso bajar por la chimenea que siempre dejo "accidentalmente" encendida. No quiero saber nada de hadas del bosque o de animales que hablan, de muñecas con cuerpos que me trastornarán la alimentación o películas que me harán crear ideales sobre esa especie que llaman "hombres" que tanto me gusta y a la vez tanto detesto. No, no exagero, te juro que ya no salto a la comba con el mismo aguante que antes, no juego al escondite con los mismos nervios de si me ven o no. El escondite inglés es absurdo y el "toma tomate, tómalo" no tiene ni pies ni cabeza. Las canciones del pop que cantaba de Britney Spears o trapos del estilo se van, sustituidos por voces torturadas y decadentes que llenan mis silencios con pesar. He cambiado los vestidos de volantes y las medias de canalé junto con los zapatos de charol por vaqueros desgastados, blusas transparentes y botas militares. No, no estoy madurando ni creciendo ni aprendiendo. Estoy perdiendo el tiempo en cosas sin sentido, en estupideces que me comen la oreja y no hacen más que destruir la poca moral y autoestima que sobrevivieron. No negaré que echo de menos ser cariñosa, dar un beso porque sí y abrazar a quien sea, echo de menos la confianza, las charlas sin octavas desagradables y los cuentos de caperucita roja antes de dormir. He pasado de niña con cesta para su abuela a lobo feroz. Tendría solución si le diese importancia, pero lo cierto es que no me molesta. Achaquemos las culpas a la edad, a las hormonas revolucionarias, a las ideas vanguardistas, al mundo capitalista o a los valientes que no dicen más que mentiras para tranquilizar a despistados como yo, o como tú ¿por qué no? Sea como sea, esto que llaman revolución ya lo había vivido mi tátara abuela y ni de Freud se sirvió para ello. Lo que quiero decir con tanta parafernalia es que, esté o no de acuerdo, quien soy ahora es producto del pasado que, como decía Shakespeare, "el pasado no es más que un prólogo", y así me quedaré hasta que el presente llegue y el futuro haga de las suyas.
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