Por falta de abecedarios

Necesito hacerte saber que dependo de menos de treinta letras para expresar el agujero negro que crece en el centro de mi cuerpo.

Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.

Dedicado a mis círculos de gente importante.

jueves, 5 de enero de 2012

Asfixia

Ya no tengo fuerzas para aguantar la presión del aire martilleando mis pulmones, la presión de cien kilos de plomo sobre mi pecho. No tengo el valor de alzar la voz y pedir ayuda ni ganas de que me vean rota ni que me juzguen por estas palabras banales que apenas pueden expresar todo el vacío y la nada que llevo dentro. Todo nublado, difuminado, vertiginoso. ¿Y dónde se encuentra mi salvavidas? mi vida, mis ganas de vivir, mi muerte y la tentación que inspira. No hay ni habrá razones para caminar bajo la lluvia, sobre el sol, entre las nubes, junto a las estrellas. Tendremos apocalipsis, tsunámis, terremotos, tornados, ciclones e infinidad de desastres más y yo ni siquiera levantaré los párpados para mirar porque si algo tengo claro es que este mundo, este al que llamo "mío", se va a pique, esté o no en él. Él, que desaparecerá convirtiéndose en polvo de estrella y, a su vez, en átomos cada vez más pequeños, será olvidado, un capítulo más para las memorias del universo, como tantos otros o como ninguno ¿quién sabe? Pero todo eso carece de importancia para mi pulso, para mis metas y delirios. Yo, que solía buscar mil motivos por los que despertar, por los que levantarme de la cama y vivir, me he visto reducida a eso; a desastres naturales, a mi apocalipsis y mi propio fin. ¿Por qué? No es un "qué" es un "quiénes" evitaré mencionarles pero siempre es lo mismo, espiral de decadencia y dramatismo es lo único que consigo día a día hasta ayer. Ayer, al despertar y no encontrar nada por lo que mereciese la pena ponerme en pie, las garras de mi agujero negro (desde el centro del pecho) emergieron en cuestión de décimas de segundo y me desgarraron. ¿Es esto lo que siente alguien cuando sufre una depresión? Me cuesta tanto creerlo, tanto comprender qué motivos puede tener una niña de 17 años con toda una vida por vivir y es entonces cuando veo la luz (evitemos el canto celestial, el esplendor y la oscuridad a su alrededor) fueron esas palabras "toda una vida por vivir" todos los días el mismo despertar, la misma rutina, la monotonía, la costumbre, las directrices y demás sinónimos que sobran por no decir que faltan. ¿Realmente me esperan esas garras día tras día hasta que la muerte nos separe?

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