A veces me gustaría chillarte, decirte con la voz rota que me beses, que dejes de hablar o de crear un silencio prolongado entre nosotros. Sí, de vez en cuando no me importaría que me desarmaras con los ojos, que me dijeras lo mucho que te apetece irte de este mundo injusto a uno donde las caravanas son una apuesta segura, el euromillón llama a la puerta de la casa de ruedas.
Me volvería loca la idea de que me tocaras hasta ponerme los nervios en el disparador. Que me cogieses por detrás, evitando que me dé el aire frío de las tardes.
No soy cursi, pastelosa o cría. Soy una chica sin mucho que perder y todo por ganar, alguien que se muere de ganas de morderte, de jugar a que no me doy cuenta cuando me miras. Sí, quizá sea algo niña... Pero no una cría insensata. Estoy loca, ya lo sabías. Haces que sea celosa, que me coma las uñas por los nervios y que ha creado una dependencia de su teléfono por si apareces. No, no estoy obsesionada, aún me queda dignidad o lo que sea esa cadena que me prohíbe decirte las cosas de forma directa. Quizá sea miedo, del que se antepone a los acontecimientos, del que me dice que si digo o hago "tal" tú reaccionarás mal.
¿Te acuerdas de lo primero? Pues eso, que me beses ya.
Por falta de abecedarios
Necesito hacerte saber que dependo de menos de treinta letras para expresar el agujero negro que crece en el centro de mi cuerpo.
Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.
Dedicado a mis círculos de gente importante.
Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.
Dedicado a mis círculos de gente importante.
lunes, 19 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
Young
¿Lo oyes?
Las ninfas vuelven a cantar detrás de mi ventana. ¿Ves sus rostros? Jamás había visto nada más hermoso que aquella tez blanquecina, tan luminosa que sospecho que estas amigas mías sean hijas de la luna. ¿Y qué me dices de sus ojos? El color aceituna de su iris resulta de lo más inquietante mientras sus largas cabelleras azabaches chocan en contrastes con el resto de su pura imagen.
¡Qué sonido tan hermoso! Lo hacen sin esfuerzo, como cientos de liras y dulzainas, bailan extasiadas, colocadas por el frescor de la última noche de otoño en esta ciudad. Que feliz me hacen estas traviesas criaturas que rara vez me visitan, ¿puedes sentir la paz? Es como si fuesen capaces de amainar la furia del día a día de apagar el sistema simpatico y activasen el parasimpatico.
Lunes.
Los matutinos rayos del sol consiguen colarse por el hueco de las gruesas cortinas, ya no sé qué hacer para evitar que entren tan temprano en mis sueños, ¡con lo a gusto que se está entre las sábanas y la amplitud de este colchón! Pero, sino fuese por esos rayos, sería imposible arrastrarme fuera de mi lecho.
La casa se despierta a mi compás, Alicia y Rodrigo se ríen en la habitación contigua, que bonito es ser inocente e ingenuo, ¡todo ese dolor que se ahorran! Espabila, Eleanor, hoy es el primer día de tu último error, lo prometiste. A la de tres me pongo en pie, lo prometo… 1, 2 yyyyyyyyy tres, ¡YA!
- ¡Buenos días, mamá! – cantan a coro los pequeños, Alicia, con la sonrisa espléndida de Alaster se abalanza sobre mi regazo, rodeándome con sus pequeños brazos. Por el contrario, Ro se queda en el marco de la puerta dudando entre unirse a su hermana o salir corriendo mientras pueda.
Con un gesto de mi mano le hago pasar. Obediente se acerca a la mesita de noche inclinándose para darme un breve beso en la mejilla. Sonreímos. Ro, como le llamo desde pequeño, es un chico que no siente aprecio por nadie, alguien al que le cuesta estar cómodo cuando se requiere algo de atención, en conclusión, mi hijo es un adolescente de lo más insólito. Mientras otros viven por el mundo, el vive por su hermana y nadie más. Después de la muerte de Alaster, fue quien se ocupó de Alicia y de mi cuando apenas podía levantar cabeza. Mi Ro es fuerte con el resto aunque esté destrozado por dentro y no es posible expresar con palabras lo orgullosa que me siento de él.
- ¿Cómo han amanecido mis dos criaturas favoritas?
- Mami, anoche Lulú salió al patio como siempre pero esta mañana no estaba en mi cama – Ah, sí… ¡Lulú! Ese Golden de anuncio que Alaster trajo un día después de trabajar a pesar de las advertencias que le impuse. ¡Un perro en mi salón! ¿Hasta dónde vamos a llegar? Ahora él no está para sacarle de paseo, soy yo quien atiende a ese can.
- Tranquila, Ali, Lulú es lista, sabe lo que hace – con una palmada en la espalda, la incito a salir de ese hueco que consiguió encontrar entre mi torso y mi brazo derecho.
Ambos desaparecen detrás de la puerta blanca de mi dormitorio dejándome otra vez sola conmigo misma, que tediosa puede llegar a ser la soledad si no te convences para aceptarla. Es cuando me asaltan los recuerdos del hombre al que amo, la persona que, cuando murió en aquel avión de viaje de negocios, se llevó consigo mi aliento y mi alegría. Condenándome a la lucha diaria de una familia que no consigue avanzar y de una mujer que llora cada segundo de vida que no pudo pasar a su lado.
Si pudiera ver al Diablo, le vendería mi alma con tal de que vivieses, Alaster.
Devil says "never"
No hay nada que hacer, ya lo ves.
Soy un caso perdido, me autodiagnostico trastorno en el córtex cerebral con lesiones graves en las únicas neuronas que iban bien.
Hoy viniste con ganas de rematar la faena, ahora sí estoy cansada, muerta de sed y con insaciables ganas de ti. Una vez más, para variar, me ignoras o no estás. Me haces sentir pequeña, la peor creación del paraíso, Adán y Eva se avergüenzan de una hija como yo. Me dijiste que me quieres, me mentiste como todos, como siempre.
Ya no hay palmadas rítmicas en el aire cuando pienso en ti, ahora hay gritos frenéticos que me hacen estremecer. Ya no hay canciones que me hagan recordarte porque las he borrado de mi iPod. No quiero fotos tuyas porque, al intentar mirarlas, mis ojos se cierran con la intención de ahorrar agua. Ahora el viento sopla en dirección contaria, empujando mi embarcación de papel entre ola y trueno. No encuentro el rumbo, no quiero el norte. Quiero mi camino "All things go". Tal vez lo que necesito es cortar por lo sano, pero me resulta impensable
¿Cómo olvidar tus ojos? Dudo que se hayan visto tales como los tuyos. Y en el va y ven de planes sin concretar cae sobre mi la duda que hace plantear las salidas sin marcar. Contigo me siento como Alicia con el gato de la enorme sonrisa, me siento como Marie Curie el día que puso un pie en "La France" como María Shelley en una noche de ´halloween con Byron y Polidori. Me siento fuera de lugar. Contigo nunca soy lo suficientemente valiosa o valerosa, como prefieras.
¿Lo oyes? Es el latido de mi vida, de mi alma. ¿Qué pasa? Simplemente tengo "dolor de vida" ¿Te acuerdas?
No podré siquiera decir "You can to take us, to recreate us" no podré recordarte con simpatía, mucho menos pensarte en positivo.
¿Sabes qué es lo peor de todo? Que... Te quiero.
Soy un caso perdido, me autodiagnostico trastorno en el córtex cerebral con lesiones graves en las únicas neuronas que iban bien.
Hoy viniste con ganas de rematar la faena, ahora sí estoy cansada, muerta de sed y con insaciables ganas de ti. Una vez más, para variar, me ignoras o no estás. Me haces sentir pequeña, la peor creación del paraíso, Adán y Eva se avergüenzan de una hija como yo. Me dijiste que me quieres, me mentiste como todos, como siempre.
Ya no hay palmadas rítmicas en el aire cuando pienso en ti, ahora hay gritos frenéticos que me hacen estremecer. Ya no hay canciones que me hagan recordarte porque las he borrado de mi iPod. No quiero fotos tuyas porque, al intentar mirarlas, mis ojos se cierran con la intención de ahorrar agua. Ahora el viento sopla en dirección contaria, empujando mi embarcación de papel entre ola y trueno. No encuentro el rumbo, no quiero el norte. Quiero mi camino "All things go". Tal vez lo que necesito es cortar por lo sano, pero me resulta impensable
¿Cómo olvidar tus ojos? Dudo que se hayan visto tales como los tuyos. Y en el va y ven de planes sin concretar cae sobre mi la duda que hace plantear las salidas sin marcar. Contigo me siento como Alicia con el gato de la enorme sonrisa, me siento como Marie Curie el día que puso un pie en "La France" como María Shelley en una noche de ´halloween con Byron y Polidori. Me siento fuera de lugar. Contigo nunca soy lo suficientemente valiosa o valerosa, como prefieras.
¿Lo oyes? Es el latido de mi vida, de mi alma. ¿Qué pasa? Simplemente tengo "dolor de vida" ¿Te acuerdas?
No podré siquiera decir "You can to take us, to recreate us" no podré recordarte con simpatía, mucho menos pensarte en positivo.
¿Sabes qué es lo peor de todo? Que... Te quiero.
martes, 13 de septiembre de 2011
No me importaría ser...
... Un títere.
En absoluto sería un contratiempo ir al son de alambres atados a mis muñecas, que hagan sangrar mi piel, si con ello consigo bailar en el escenario de quien sea que haya tomado las riendas de mi vida. Lo haría porque hay un detalle que no ha todos se escapa, seré yo quien elija quien o quienes tomarán semejante experiencia. Haré aquello que me pidan sin agredir a mi dignidad o mis principios. Dejaré que me cuenten cuentos que improvisen tras la última palabra mencionada, siempre y cuando mi orgullo no me convenzca de lo contrario y los prejuicios sean meras voces sin alicatar.
Para mí no sería una vergüenza vestir trapos viejos, holgados y algo rotos si con ellos me veo apetecible para atraer a las víctimas incoherentes. Mucho menos me sentiría degradada por mostrar dientes puntiagudos con el fin de inyectar ponzoña en todas y cada una de las palabras que pronuncie. Pintaría al fresco mis ojos en un superficial color negro, que no deje pasar las sospechas, la luz ni el dolor y que evite la salida a mis propios sentimientos para empezar a correr con la única idea de hacer que la tinta se derrame en desordenadas gotas por toda la madera astillada que me serviría de escudo contra aquel que quiera arrancarme como si de una rosa silvestre me tratase.
Claro que me gustaría ser un títere de aspecto macabro y atrayente, de ojos opacos y boca dudosa, de manos heridas y ropa desvencijada, pero tendré que conformarme con ser una humana más en este plantea.
En absoluto sería un contratiempo ir al son de alambres atados a mis muñecas, que hagan sangrar mi piel, si con ello consigo bailar en el escenario de quien sea que haya tomado las riendas de mi vida. Lo haría porque hay un detalle que no ha todos se escapa, seré yo quien elija quien o quienes tomarán semejante experiencia. Haré aquello que me pidan sin agredir a mi dignidad o mis principios. Dejaré que me cuenten cuentos que improvisen tras la última palabra mencionada, siempre y cuando mi orgullo no me convenzca de lo contrario y los prejuicios sean meras voces sin alicatar.
Para mí no sería una vergüenza vestir trapos viejos, holgados y algo rotos si con ellos me veo apetecible para atraer a las víctimas incoherentes. Mucho menos me sentiría degradada por mostrar dientes puntiagudos con el fin de inyectar ponzoña en todas y cada una de las palabras que pronuncie. Pintaría al fresco mis ojos en un superficial color negro, que no deje pasar las sospechas, la luz ni el dolor y que evite la salida a mis propios sentimientos para empezar a correr con la única idea de hacer que la tinta se derrame en desordenadas gotas por toda la madera astillada que me serviría de escudo contra aquel que quiera arrancarme como si de una rosa silvestre me tratase.
Claro que me gustaría ser un títere de aspecto macabro y atrayente, de ojos opacos y boca dudosa, de manos heridas y ropa desvencijada, pero tendré que conformarme con ser una humana más en este plantea.
Mitómanos
Tras la línea enemiga, se esconden los desterrados. Personajes olvidados a intención para hacer más llevadero nuestro camino a ninguna parte. Todos los mortales tenemos a un desterrado en campos de concentración, no le ahogamos en gras lacrimógeno ni le sumergimos en nitroglicerina. Nos limitamos a trazar una línea, roja o blanza, entre ambos con la espeanza de que se arremoline en su veneno y agonice en silencio hasta desaparecer. Cuando creemos que hemos apartado al desterrado de nuestro camino damos el primer paso, correr. Escapar como si de Lucifer se tratase, despavoridos, nos escondemos en senderos perdidos entre columnas vegetales y cubrimos nuestra vida con las manos. Como bebés, sollozamos de miedo. Incluso los fuertes tienen desterrados, sobre todo los valientes que creen en castillos de arena con princesas en bikinis y martinis en vez de vino.
Más adelante conocemos a personas con jorobas que superan al Guasimodo. Esta gente carga con todos sus desterrados, cada una de esas fieras en llamas sonríen de un modo inquietante mientras lucen una dentadura perfectamente afilada con la última esperanza que deboraron.
Yo soy del tipo C, una joroba del tamaño del Empire State sin retorno, me gusta cargar con mis fieras porque ellas cargan conmigo sin réplicas. Me comprenden sin necesidad de comunicarme y las quiero porque gracias a ellas soy alguien que mira bien por donde pisa a falta de una vista panorámica, no sé si me explico.
Más adelante conocemos a personas con jorobas que superan al Guasimodo. Esta gente carga con todos sus desterrados, cada una de esas fieras en llamas sonríen de un modo inquietante mientras lucen una dentadura perfectamente afilada con la última esperanza que deboraron.
Yo soy del tipo C, una joroba del tamaño del Empire State sin retorno, me gusta cargar con mis fieras porque ellas cargan conmigo sin réplicas. Me comprenden sin necesidad de comunicarme y las quiero porque gracias a ellas soy alguien que mira bien por donde pisa a falta de una vista panorámica, no sé si me explico.
Pensar es para sensatos, actuar para gente como yo.
Hay tres cosas en la vida que yo, si fuese tú, no rompería.
1.Una promesa, créeme cuando te digo que he roto más de una y lo peor de haberlas roto es la carencia de importancia o remordimiento por haberlo hecho, si se interpone con mis deseos, me la salto. No me taches de "cruel" porque llegas tarde, mírame como alguien que antepone su bienestar a una estúpida promesa. Las de verdad las mantengo, las que creo necesarias para no fallar a la persona que quiero, en mi caso, me sobran dedos de la mano.
2.Una amistad, si no rompes la número uno, seguro te será más fácil mantener esta, no me arrepiento de haber dejado de hablar a personas que consideré importantes en mi vida o aleejarme de las mismas. Llega un momento en el que su compañía es como un asqueroso insecto estropeando esa deliciosa tarta de chocolate (he de decir que es mi perdición, el chocolate, quiero decir) Si no me sirves, te vas. Si no te sirvo, me voy. Hablo de dependencia y autosuficiencia, seamos sinceros, el ser humano está diseñado con mal genio. Retorcidos y miserables, no temen pisar cabezas con tal de llegar a la meta, sea cual sea aquella que se hayan impuesto. Ni arrepentimientos ni dolor a la hora de mirar por sus intereses. Conclusión, el ser humano es la imperfecta máquina de supervivencia. Vivir juntos, morir solo.
Y, si necesitas una letra de canción para convencerte, aquí tienes una:
"No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo. Dicen de mi que soy un tanto animal, pero en el fondo soy un sentimental (...) Para qué discutir si puedes pelear?"
Debería añadir que no he encontrado mayor puñalada traicionera en mi espinazo que la de decepcionar a alguien importante. La sangre que sale de esa herida es irremplazable y el corazón cede su velocidad a la desolación. No exagero, lo juro.
3. Jamás, por ningun motivo, rompas un preservativo.
si sigues estas tres normas es menos probable que sufras innecesariamente.
1.Una promesa, créeme cuando te digo que he roto más de una y lo peor de haberlas roto es la carencia de importancia o remordimiento por haberlo hecho, si se interpone con mis deseos, me la salto. No me taches de "cruel" porque llegas tarde, mírame como alguien que antepone su bienestar a una estúpida promesa. Las de verdad las mantengo, las que creo necesarias para no fallar a la persona que quiero, en mi caso, me sobran dedos de la mano.
2.Una amistad, si no rompes la número uno, seguro te será más fácil mantener esta, no me arrepiento de haber dejado de hablar a personas que consideré importantes en mi vida o aleejarme de las mismas. Llega un momento en el que su compañía es como un asqueroso insecto estropeando esa deliciosa tarta de chocolate (he de decir que es mi perdición, el chocolate, quiero decir) Si no me sirves, te vas. Si no te sirvo, me voy. Hablo de dependencia y autosuficiencia, seamos sinceros, el ser humano está diseñado con mal genio. Retorcidos y miserables, no temen pisar cabezas con tal de llegar a la meta, sea cual sea aquella que se hayan impuesto. Ni arrepentimientos ni dolor a la hora de mirar por sus intereses. Conclusión, el ser humano es la imperfecta máquina de supervivencia. Vivir juntos, morir solo.
Y, si necesitas una letra de canción para convencerte, aquí tienes una:
"No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo. Dicen de mi que soy un tanto animal, pero en el fondo soy un sentimental (...) Para qué discutir si puedes pelear?"
Debería añadir que no he encontrado mayor puñalada traicionera en mi espinazo que la de decepcionar a alguien importante. La sangre que sale de esa herida es irremplazable y el corazón cede su velocidad a la desolación. No exagero, lo juro.
3. Jamás, por ningun motivo, rompas un preservativo.
si sigues estas tres normas es menos probable que sufras innecesariamente.
Sweet disposition
Hace unos años, vivía en plena ignorancia.
Hace unos meses, estaba sola en aspectos que aún me asustan.
Hace unos días, me dijeron las dos palabras más bellas que jamás había creído.
Hace unas horas, estaba riéndome a carcajadas con alguien que espero esté mucho tiempo a mi lado.
Hace unos minutos me he vuelto a ver sola en el sielncio de una noche de finales de verano. Ni los resquicios de luz que asoman impetuosos por mi ventana, ni el viento que manda Eolo desde sus aposentos o la música que lucha por seguir llenando los silencios de mi mundo son capaces de arrancarme de la cabeza la idea de desprecio que siento hacia aquellos que se empeñan en romper cada uno de los pilares de mi existencia, mi lado egocéntrico me alabaría por promover tanta importancia en otras personas, pero lo cierto es que la situación es tan triste que esa persona ignora hasta mi nombre.
Hace unos meses, estaba sola en aspectos que aún me asustan.
Hace unos días, me dijeron las dos palabras más bellas que jamás había creído.
Hace unas horas, estaba riéndome a carcajadas con alguien que espero esté mucho tiempo a mi lado.
Hace unos minutos me he vuelto a ver sola en el sielncio de una noche de finales de verano. Ni los resquicios de luz que asoman impetuosos por mi ventana, ni el viento que manda Eolo desde sus aposentos o la música que lucha por seguir llenando los silencios de mi mundo son capaces de arrancarme de la cabeza la idea de desprecio que siento hacia aquellos que se empeñan en romper cada uno de los pilares de mi existencia, mi lado egocéntrico me alabaría por promover tanta importancia en otras personas, pero lo cierto es que la situación es tan triste que esa persona ignora hasta mi nombre.
Where I stood
No es la primera vez, y sospecho que no será la última, que hacen añicos el poco corazón que había conseguido autoregenerarse a base de olvidos forzosos y sequía en los ojos.
El problema, a mi parecer, nace en la desconfianza que me inspiran las sombras que anteriormente fueron luz en mi mundo. Quiero decir que me veo tan sumamente pequeña en este inmenso mundo, tan insignificante e insuficiente que me encuentro en un continuo estado de alerta. Agazapada, lista para huir o atacar, me escondo entre máscaras venecianas y bolsas de cartón. Jugando a ser una u otra cara de mis múltiples personalidades.
Sea cual sea el motivo, me siento viva y algo más notable cuando el daño me lo hago yo misma. Supongo que alguien coherente diría que necesito ayuda profesional y sé de alguien que le encantaría jugar con dicho personaje, el quid está en que no necesito que un hombre de avanzada edad, sentado en un enorme sillón de cuero y de respaldo vertiginoso, con gafas de montura dorada, un trja de tweed, una pluma Mont Blanc y un bloc de notas de hojas recicladas, asienta con la cabeza mientras despotrico sobre lo miserable que me siento y lo mucho que detesto el modo en el que me comporto, una vez más: sea cual sea.
No me quiero sentar en un diván, a parte de que tienen pinta de no ser muy cómodos, en una habitación de tonos cahoba y luz sepia a causa de las cortinas de láminas de madera. No necesito un profesional que me diagnostique sociopatía, porque ya he buscado lo que significa. Wikipedia me sale gratis, amigos.
En definitiva, el dolor que siento yo, lo has sentido tú o lo sentirás, sin remedios médicos o una recolocación de los chacras o demás historias que se inventan los sinvergüenzas. No soy un alma en pena entre oscuridad y oscuridad profunda, no me falta la voz requerida para quejarme ni mucho menos las ganas de arañar cada décima de segundo que me corresponda en este tiempo. No tengo ni quiero lágrimas para desahogarme, me dieron una bono al nacer de 3.000.000 de lágrimas y ya las he gastado. No sé qué imágen doy y, a estas horas de la noche, me da lo mismo que lo mismo me da. No soy una niña mimada, soy un jodido ángel que se cayó y añora sus alas y alcohol para limpiarse las heridas de inmoralidad y falta de ética (ambas me parecen lo mismo, pero no lo son) Quiero volver a subir por las escaleras, abrir las puertas del cielo y reirme de todos los que dijeron que no soy suficiente.
Ya estoy desvariando, en resumidas cuentas:
Vive y deja vivir, cuidado a quien haces daño y si merece o no la pena.
El problema, a mi parecer, nace en la desconfianza que me inspiran las sombras que anteriormente fueron luz en mi mundo. Quiero decir que me veo tan sumamente pequeña en este inmenso mundo, tan insignificante e insuficiente que me encuentro en un continuo estado de alerta. Agazapada, lista para huir o atacar, me escondo entre máscaras venecianas y bolsas de cartón. Jugando a ser una u otra cara de mis múltiples personalidades.
Sea cual sea el motivo, me siento viva y algo más notable cuando el daño me lo hago yo misma. Supongo que alguien coherente diría que necesito ayuda profesional y sé de alguien que le encantaría jugar con dicho personaje, el quid está en que no necesito que un hombre de avanzada edad, sentado en un enorme sillón de cuero y de respaldo vertiginoso, con gafas de montura dorada, un trja de tweed, una pluma Mont Blanc y un bloc de notas de hojas recicladas, asienta con la cabeza mientras despotrico sobre lo miserable que me siento y lo mucho que detesto el modo en el que me comporto, una vez más: sea cual sea.
No me quiero sentar en un diván, a parte de que tienen pinta de no ser muy cómodos, en una habitación de tonos cahoba y luz sepia a causa de las cortinas de láminas de madera. No necesito un profesional que me diagnostique sociopatía, porque ya he buscado lo que significa. Wikipedia me sale gratis, amigos.
En definitiva, el dolor que siento yo, lo has sentido tú o lo sentirás, sin remedios médicos o una recolocación de los chacras o demás historias que se inventan los sinvergüenzas. No soy un alma en pena entre oscuridad y oscuridad profunda, no me falta la voz requerida para quejarme ni mucho menos las ganas de arañar cada décima de segundo que me corresponda en este tiempo. No tengo ni quiero lágrimas para desahogarme, me dieron una bono al nacer de 3.000.000 de lágrimas y ya las he gastado. No sé qué imágen doy y, a estas horas de la noche, me da lo mismo que lo mismo me da. No soy una niña mimada, soy un jodido ángel que se cayó y añora sus alas y alcohol para limpiarse las heridas de inmoralidad y falta de ética (ambas me parecen lo mismo, pero no lo son) Quiero volver a subir por las escaleras, abrir las puertas del cielo y reirme de todos los que dijeron que no soy suficiente.
Ya estoy desvariando, en resumidas cuentas:
Vive y deja vivir, cuidado a quien haces daño y si merece o no la pena.
Luces de neón
There's an angel in your eyes and i wanna take him to my light.
Ya no tengo cuerdas vocales capaces de dar sonido a lágrimas secas, desconozco si las perdí la primera vez que no me gustó mi físico o cuando juré que si el mundo no tiene oídos para mí yo no tendría palabras para él.
Tengo dieciséis años, apenas sé algo sobre la vida o lo que sea esto que tengo. Creo en ángeles de la guarda y en Jack Skeleton. A menudo sueño con un futuro sin grandezas más que ser reconocida como "la que escribió la novela más sobrecogedora del siglo" bueno, para ser realistas, me conformo con la década.
Si tuviese que decir una sola cosa de mi, diriía que a egocentrica no me gana nadie, el problema es que me incomodan tanto los alagos como los insultos. Me amo yo, yo y nadie más.
Estoy en un momento de ... mi vida en el que la dicha supuestamente me sonríe, pero como las cosas fáciles y bonitas no están hechas para mi, ni soy feliz ni pretendo serlo. La felicidad es para conformistas y me niego a pertenecer a ese club de incrédulos.
Tengo dieciséis años y me gusta la música, bailar, salir... Cualquiera diría que estoy escribiendo mi ficha para este blog, pero te equivocas. Lo que estoy haciendo es dejarte ver una parte esencial y superficial de mi persona para que, entrada a entrada, me acompañes en un viaje de autoconocimiento, sea lo que sea eso.
P.D.: No te ofendas o líes con esta web, ni soy siempre sincera ni sé de lo que hablo la mayor parte del tiempo, pero algo sí te prometo, no tengo intención de engañarme a mí misma.
Att: Mi peor pesadilla.
Ya no tengo cuerdas vocales capaces de dar sonido a lágrimas secas, desconozco si las perdí la primera vez que no me gustó mi físico o cuando juré que si el mundo no tiene oídos para mí yo no tendría palabras para él.
Tengo dieciséis años, apenas sé algo sobre la vida o lo que sea esto que tengo. Creo en ángeles de la guarda y en Jack Skeleton. A menudo sueño con un futuro sin grandezas más que ser reconocida como "la que escribió la novela más sobrecogedora del siglo" bueno, para ser realistas, me conformo con la década.
Si tuviese que decir una sola cosa de mi, diriía que a egocentrica no me gana nadie, el problema es que me incomodan tanto los alagos como los insultos. Me amo yo, yo y nadie más.
Estoy en un momento de ... mi vida en el que la dicha supuestamente me sonríe, pero como las cosas fáciles y bonitas no están hechas para mi, ni soy feliz ni pretendo serlo. La felicidad es para conformistas y me niego a pertenecer a ese club de incrédulos.
Tengo dieciséis años y me gusta la música, bailar, salir... Cualquiera diría que estoy escribiendo mi ficha para este blog, pero te equivocas. Lo que estoy haciendo es dejarte ver una parte esencial y superficial de mi persona para que, entrada a entrada, me acompañes en un viaje de autoconocimiento, sea lo que sea eso.
P.D.: No te ofendas o líes con esta web, ni soy siempre sincera ni sé de lo que hablo la mayor parte del tiempo, pero algo sí te prometo, no tengo intención de engañarme a mí misma.
Att: Mi peor pesadilla.
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