Por falta de abecedarios

Necesito hacerte saber que dependo de menos de treinta letras para expresar el agujero negro que crece en el centro de mi cuerpo.

Para poder decirte todo lo que significa para mi, pediría ayuda a las veces que me he caído por torpe, las ocasiones que la lluvia me ha mojado por no llevar un paraguas, las pesadillas que he tenido por algo que me ha atormentado desde que os conozco o por cenar demasiado, los incontables momentos que me he odiado frente a un espejo o la impotencia que he sentido ante un objetivo frustrado. Necesitaría más de un abecedario para acercarte a los confines de mi universo, sin riego a que caigas en ese agujero conmigo. Tendría que buscar en mi memoria todas las decepciones que me has provocado, las ganas de desaparecer que tengo cuando sufro de tener demasiado tiempo para pensar. Simplemente, recurriría a todo el tiempo que he malgastado al querer ser una buena persona o al luchar contra la fiera que despertó hace un tiempo. Me gustaría que fueses capaz de ver más allá de toda esta inservible palabrería y comprendieses lo asustada, sola y terminal que me siento.

Dedicado a mis círculos de gente importante.

martes, 13 de septiembre de 2011

Where I stood

No es la primera vez, y sospecho que no será la última, que hacen añicos el poco corazón que había conseguido autoregenerarse a base de olvidos forzosos y sequía en los ojos.
El problema, a mi parecer, nace en la desconfianza que me inspiran las sombras que anteriormente fueron luz en mi mundo. Quiero decir que me veo tan sumamente pequeña en este inmenso mundo, tan insignificante e insuficiente que me encuentro en un continuo estado de alerta. Agazapada, lista para huir o atacar, me escondo entre máscaras venecianas y bolsas de cartón. Jugando a ser una u otra cara de mis múltiples personalidades.
Sea cual sea el motivo, me siento viva y algo más notable cuando el daño me lo hago yo misma. Supongo que alguien coherente diría que necesito ayuda profesional y sé de alguien que le encantaría jugar con dicho personaje, el quid está en que no necesito que un hombre de avanzada edad, sentado en un enorme sillón de cuero y de respaldo vertiginoso, con gafas de montura dorada, un trja de tweed, una pluma Mont Blanc y un bloc de notas de hojas recicladas, asienta con la cabeza mientras despotrico sobre lo miserable que me siento y lo mucho que detesto el modo en el que me comporto, una vez más: sea cual sea.
No me quiero sentar en un diván, a parte de que tienen pinta de no ser muy cómodos, en una habitación de tonos cahoba y luz sepia a causa de las cortinas de láminas de madera. No necesito un profesional que me diagnostique sociopatía, porque ya he buscado lo que significa. Wikipedia me sale gratis, amigos.
En definitiva, el dolor que siento yo, lo has sentido tú o lo sentirás, sin remedios médicos o una recolocación de los chacras o demás historias que se inventan los sinvergüenzas. No soy un alma en pena entre oscuridad y oscuridad profunda, no me falta la voz requerida para quejarme ni mucho menos las ganas de arañar cada décima de segundo que me corresponda en este tiempo. No tengo ni quiero lágrimas para desahogarme, me dieron una bono al nacer de 3.000.000 de lágrimas y ya las he gastado. No sé qué imágen doy y, a estas horas de la noche, me da lo mismo que lo mismo me da. No soy una niña mimada, soy un jodido ángel que se cayó y añora sus alas y alcohol para limpiarse las heridas de inmoralidad y falta de ética (ambas me parecen lo mismo, pero no lo son) Quiero volver a subir por las escaleras, abrir las puertas del cielo y reirme de todos los que dijeron que no soy suficiente.
Ya estoy desvariando, en resumidas cuentas:
Vive y deja vivir, cuidado a quien haces daño y si merece o no la pena.

1 comentario:

  1. Mara, los desvaríos de altas horas de la madrugada son tus verdaderos sentimientos. No soy un profesional sentado en un sillón de cuero y creo que por tu casa no hay ningún diván, pero no es muy dificil verlo. Puede que vayas perdiendo la aprtida; pero recuerda que el juego es tuyo.

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